Y pensar que ¿pudimos no habernos conocido?

Es lunes y estoy en casa de una amiga –mi alma siamesa– pasando las horas interminables de mis días en soledad. No están lxs chicxs conmigo, les extraño, y como otras veces luego de mi separación, me siento sin rumbo.


Me quejo de frío en los pies y mi amiga me presta unas medias suyas. Almorzamos y tomamos el té juntas pero ya es hora de irme. Una cosa es estar solas tiradas viendo en la computadora videos de Rafaela Carrá y otra muy distinta interrumpir su vida familiar, su vida en pareja: su marido está por llegar. “Quédate” me dice, pero estoy cansada, tengo frío y me da vergüenza quedarme sin propósito. “Quédate” insiste. Me quedo entonces a comer con ella, con su pareja. Ponen unas pizzas en el horno, quieren estrenar una tabla pizzera que les regalaron. Invitan a tres amigos más, yo no conozco a nadie y no estoy vestida para conocer gente, tengo unas medias muy feas. “No importa”, insiste. No importa entonces, pienso.


Es el comienzo de la primavera y el viento todavía un poco frío golpea la ventana del living que, aunque cerrada, deja entrar un poco y mueve apenas las cortinas. Suena el timbre. El marido baja a abrir la puerta, han llegado los amigos; entre ellos el que será mi nuevo amor, y yo con esas medias horribles... “Las medias no son mías”, atino a decir mientras mi amiga me presenta. Todos sonríen al comentario, menos mi amiga. Comemos pizzas, tomamos cervezas frías y pedimos helado de crema y chocolate granizado de postre. ¡Una comilona al estilo argentino! Me siento contenta y por momentos dejo de pensar en mi separación, en mi dolor. Quizás es así como se sale, moviéndome, riendo y comiendo (esto último me costará caro).


Hablamos de trabajo, de política, de cine y de fútbol. Del tatuaje nuevo de uno de ellos, de los nuevos señuelos de pesca del otro. Cuento que estoy recién separada (no habían pasado ni dos meses) y me hago la superada. Veo fijo a los ojos a uno de ellos, pensando en lo atractivo que me resulta. A su lado, y sin prestarme demasiada atención, mi futuro amor agarra sus cigarrillos para salir a fumar al balcón. Es grandote y tiene un aire a un personaje de una película que vi tiempo atrás en casa, una tarde, en familia.


Es tarde y tengo que irme. Devuelvo las medias y pido que me acompañen al auto porque está lejos y la calle debe estar muy sola. Me acompaña mi futuro amor, sin muchas ganas y fumando. Llego al auto y lo miro y le sonrío. No me responde la sonrisa, pero me besa en el cachete y se despide con algo de amabilidad. ¡Dios! Siento repentina alegría ¡Es este el que me gusta! Me da alegría pensar en un hombre que no sea el-que-me-dejó. Me toma por sorpresa, pero me da alegría.


"Quizás es así como se sale, moviéndome, riendo y comiendo."

Al mes siguiente mi futuro amor es hoy. Con él todo es presente, todo es futuro y nada es pasado. Con él consigo moverme sin que duela. Mis amigas lo adoran. Yo lo adoro. Mi hija lo desprecia, “es muy pronto” dice. Pero deja de pensar así cuando tiempo después lo ve a mi lado en la cama de la clínica, cuidando mí, sufriendo el miedo de perderme igual que ella y su hermano...


Estoy destruida, me he lastimado tratando de borrar el dolor y me ha descubierto mi hijo. Mi presente llega en bermudas y zapatillas, corriendo para estar conmigo. Lloramos juntxs. Me duermo. Días más tarde consigo levantarme con el peso de la culpa en la espalda y escucho a mi familia en el otro lado de la línea, tristes, preocupadxs. Veo a mis amigas entrar y salir de la clínica y luego de mi casa. Y él siempre a mi lado.

Ya en casa cocina para mí: Hamburguesas caseras con tomate en pan de campo, es lo primero que me hace. También me hace canelones de verdura con tuco y queso, matambre a la pizza, pollo al horno con papas con romero y guiso de lentejas con chorizo colorado. Le dijo que lo quiero y él me responde lo mismo. Lo quiero y quiero sentirme bien. “Venite a vivir conmigo” le digo y viene. Meses más tarde propone “Vamos a vivir a mi casa” dice y vamos.


"Estoy destruida, me he lastimado tratando de borrar el dolor y me ha descubierto mi hijo."

Se enamora. Se muda conmigo. Me enamoro. Me mudo con él. Lo adoro. Mis hijxs lo adoran. Mis amigxs también. Pienso en el dolor por mi ruptura anterior que no sana y no entiendo. Él tampoco lo entiende… “no es lógico sufrir por alguien si amas a otrx”, me dice. Es cierto, no es lógico. Pero me pasa y no quiero ocultarlo. Sigo sintiendo rabia, decepción, tristeza y a veces celos. Soy honesta y se lo digo. Él unas veces me entiende y otras no, pero siempre me acompaña. Y yo entiendo lo afortunada que soy pero mi felicidad no es completa.


"Sigo sintiendo rabia, decepción, tristeza y a veces celos. Soy honesta y se lo digo. Él unas veces me entiende y otras no, pero siempre me acompaña."

Un sábado entonces, en medio de mi búsqueda interminable por una puerta de salida de mi resentimiento hacia el que fue mi marido, y ahora era el-tipo-que-me-dejó, voy a un taller de astrología para activar mi Venus. Atravieso la ciudad para llegar. Desde mi casa en San Fernando, hasta la casa de Vivi en Versalles tengo, de acuerdo con Google Maps, más de dos horas de viaje en transporte público, una hora 22 minutos en bicicleta o 26 minutos en auto. Consigo que me lleven en auto, toda gratitud, todo amor.


La charla es cálida y amena, en una casa bella y agradable. Tomamos apuntes, hacemos comentarios, nos reímos, tomamos limonada, café, té y mate, comemos pan con y sin gluten, fruta, masitas, palta y jamón, bailamos, lloramos, nos abrazamos, contamos nuestras historias. Y oímos hablar a los muertos.


Vivi, que resulta ser medium, me dice “una mujer joven me habla”. En mi mente intuyo de quién se trata, pero no digo nada. “Me dice que no esperes más y avances, que vos merecés crecer, que aceptes, que se va a cansar”. Crecer y avanzar, pienso. ¡Aceptar! Me grita mi inconsciente. “¿Sabes de qué hablo?” insiste Vivi. Sí lo sé, y lloro mientras asiento con la cabeza.


No esperar. Aceptar. Avanzar. Moverme.


Vuelvo a casa y me conecto con mi vida actual, abro los ojos y lo veo. Viene a mi cabeza el comienzo de un poema de Paul Geraldy, “Casualidad”, que describe lo que he vivido este último tiempo al lado de mi reciente amor, la felicidad que siento hoy y el camino que debimos andar para encontrarnos. Le digo entonces… "siendo el tiempo tan largo, siendo tan grande el mundo / vivimos separados, solos, con hondo hastío… / ¡Y pudimos entonces, por capricho del hado, / en el haz de la tierra no habernos encontrado!"


“Paul Geraldy no me representa”, dice. “Estábamos destinados a encontrarnos”, insiste.


Yo lo miro y pienso que no se si es el destino, el azar o que el-tipo-que-me-dejó se hubiera ido, pero en palabras de Geraldy recito con alivio ¡Y pensar que pudimos no habernos conocido!



Por Gloria Orrego Hoyos

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