VERDE EVELYN / Natalia Saralegui Ferrante


Evelyn tenía 19 años y vivía en El Salvador. Un día, a Evelyn un miembro de una pandilla empezó a violarla y a amenazar con matar a su madre si ella hablaba. Como episódicamente sangraba un poco, Evelyn pensó que aquello era menstruación y no perdidas de un embarazo. A los pocos meses, Evelyn se descompuso y se desmayó. Así, perdió el embarazo que no sabía que estaba cursando. Pero el Estado salvadoreño, el mismo que la había dejado a la deriva, le dijo que lo que había ocurrido en ese momento fue un homicidio y por eso la justicia la condenó a la pena de treinta años de prisión.


Es que para la justicia salvadoreña daba lo mismo si ese ser era un feto producto de una violación o una persona, tan persona como la que escribe o tan persona como la que lee este portal. Por eso, le pusieron la pena máxima. Así, detenida, fue como Evelyn pasó tres años de su vida.


En el Salvador, las leyes que penalizan el aborto son el paradigma de la prohibición. En ese país centroamericano, el aborto es ilegal en toda circunstancia, incluso ante casos de embarazos producto de violencia sexual o ante riesgo en la salud de la mujer. Por eso, las organizaciones de mujeres en El Salvador han tendido una red poderosa de visibilización y lucha. En ese cuadro, instalaron la campaña internacional por la libertad de Las 17 del Salvador, mujeres condenadas y presas por abortar ¿Cómo se explica ese interés estatal en encerrar mujeres por interrumpir embarazos? ¿Cómo afecta y condiciona la criminalización del aborto al conjunto de las mujeres?


En 2018, la autora feminista Judith Butler visitó Buenos Aires y dio una conferencia memorable en la Universidad de Tres de Febrero, una casa de estudios superiores pública del conurbano bonaerense. Allí, en un anfiteatro repleto, Butler explicó que:

“En muchos países el cuerpo de una embarazada pertenece al Estado. Y si esa embarazada no quiere llevar adelante ese embarazo, se transforma en una maternidad forzada, basada en una imposición de poder en la que someten a una mujer a cursar un embarazo y un parto que no quiere, y en la que someten a la mujer a un ritual del poder del Estado. Esta es una reiteración performativa del poder…”.

Por eso, el grito de aborto legal se postula como un derecho necesario para que las mujeres podamos gobernar nuestros cuerpos. Por eso, ese día en la UnTreF los pañuelos verdes se agitaron al calor de los vitoreos emocionados de una generación que ve en el aborto legal un futuro necesario, urgente e inevitable.


En 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le solicito a El Salvador que revise las condenas de 27 mujeres presas por eventos obstétricos y alertó sobre la prohibición absoluta de abortar que pesa sobre las personas gestantes de ese país. Entonces, gracias a la lucha de las organizaciones feministas y la fuerte campaña internacional, se dejó sin efecto la condena anterior y Evelyn enfrentó un nuevo juicio. La campaña feminista se desplegó dentro y fuera de las fronteras nacionales. Miles de mujeres, lesbianas, travestis, trans, varones, organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos desplegaron su solidaridad por todo el continente. El hashtag #JusticiaParaEvelyn inundó las redes pidiendo la absolución y la libertad de una joven que corporizó una deuda histórica de la democracia.


Fue entonces cuando, a las 14 hs del 20 de agosto, el Tribunal de Sentencia de Cojutepeque resolvió la absolución de la joven salvadoreña. En Argentina, a los pocos días de esta buena nuevalatinoamericana, acudimos a una despedida. La de Patricia, una mujer de 40 años que murió presa por un evento obstétrico, muy similar al de Evelyn. Ella también terminó presa por el delito de homicidio calificado por el vínculo, a pesar de que no sabía que estaba embarazada, a pesar de que el sujeto por el que la condenaron era un feto de 5 meses. Pero a diferencia de Evelyn, Patricia murió encerrada, por la absoluta falta de atención médica en su centro de detención.


Este agosto, por lo tanto, nos trajo alegrías y tristezas a todas las que peleamos contra la criminalización del aborto en América Latina. Las trayectorias vitales de las mujeres y personas gestantes tienen que circular y conocerse, para poder vernos y entre todas decir basta. Porque mientras nos movilizan el cuerpo las historias de injusticias, también nos conmueven y llenan de esperanza las enormes y potentes movilizaciones de mujeres, lesbiana, travestis y trans en todo el continente. Desde Buenos Aires, nos late fuerte el corazón cuando vemos las masivas movilizaciones en la Ciudad de México, en San Pablo o en Santiago de Chile.


Nos late fuerte y también nos late verde.

Verde aborto legal, verde Evelyn, verde esperanza.


#JusticiaParaEvelyn

#EvelynHernández

#Las17ElSalvador

#AbortoLegal







Por Natalia Saralegui

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