Daniela Soto-Innes, la chef del año. Un amor en la cocina

David Santa Cruz #LaBanquetera


Que Daniela Soto-Innes fuese nombrada la mejor chef del mundo por la revista The Wold’s 50 Best Restaurants, solo resultó una sorpresa por haberlo logrado a los 28 años de edad. Dada su trayectoria era casi un hecho que lo lograría. En la historia de este galardón –iniciada en 2013–, la más joven había sido Clare Smyth, quien en el 2018 obtuvo la distinción meses antes de su cumpleaños 40.


En México fue una gran noticia, porque Soto-Innes nació en este país y cuenta que aprendió a cocinar en el capitalino barrio de Coyoacán, en la hermosa casa de su abuela Carmen, a quien Daniela amorosamente llamaba “Jirafa” y lamentablemente falleció en enero de 2019. Doña Carmen manejaba una pastelería y la mamá de Daniela siempre quiso estudiar gastronomía. A decir de la joven chef en diversas entrevistas, eso la impulso a seguir por el camino gastronómico.


A los 12 años se mudó a Houston EEUU. Su primer trabajo en una cocina lo tuvo en el restaurante de un hotel. Antes de cumplir los 17 años ya había trabajado en varios pequeños restaurantes. A los 19 se graduó de la escuela de gastronomía Le Cordon Blue de Austin, Texas. A los 20 años se encontraba trabajando en el restaurante Underbelly del premiado chef Chris Shepherd. Pronto decidió volver a México, aunque al ser ciudadana estadounidense solo podía estar por periodos de seis meses.





Para ese momento la capital mexicana vivía su despertar gastronómico, por un lado un puñado de nuevos restaurantes y figuras ingresaban en las listas de los mejores del mundo, con re-interpretaciones de los platillos tradicionales, como el mole madre del chef Enrique Olvera, quien sería determinante en la vida de Soto-Innes. Ella también trabajó con el chef Gerardo Vázquez Lugo, en Nicos, un restaurante sui géneris, en primer lugar por ubicarse en la popular y populosa zona de Azcapotzalco, en segundo término, por utilizar técnicas culinarias mesoamericanas tradicionales como la nixtamalización. Algo que influyó también en el estilo de la joven cocinera.





Cuando Enrique Olvera decidió que abriría un restaurante en Nueva York contactó a Daniela Soto-Innes para que lo acompañara en el proyecto. Con 23 años de edad, le daban la oportunidad de abrir, desde cero, un restaurante en la capital gastronómica del planeta, una ciudad donde la puerta del más insignificante de los restaurantes puede representar una experiencia del alta cocina. “Lo googlee todo”, le confesó a la periodista gastronómica Rachel Tepper quien la entrevistó luego de que Daniela ganara en 2016 el premio James Beard que se le otorga a las mujeres destacadas en la industria de bebidas y alimentos.


Si uno revisa su Instagram, verá por su fotos, videos y comentarios lo enamorada que está de su trabajo, por ejemplo se le puede ver bailando con sus compañeras a las tres de la mañana mientras limpian una cocina. Sus redes sociales están repletas de viajes y vistas a otros restaurantes, de momentos familiares felices y de amistades entrañables. Como le dijera a Tepper la gente trabaja más duro para alguien a quien ama que para alguien a quien teme y esa es su mística.


Desde que Cosme, el restaurante que dirige junto con Olvera abrió en NYC, Soto Innes no ha dejado de ganar premios, el primero fue el StarChefs Rising Stars en 2015, luego el James Beard. En 2017, el mismo año que Cosme entró a la lista de los 50 mejores restaurantes, la chef ejecutiva fue nombrada la mejor chef de Nueva York, algo así como obtener el premio de mejor jugador de la Champions después de ganar el torneo. Con el galardón de mejor chef femenina Daniela Soto-Innes parece haberlo ganado todo. Sin embargo la brecha de género no se ha roto y no descartemos que pueda ser la primer mujer en obtener el premio al mejor Chef del mundo. Además, un par de estrellas Michelin no le vendrían mal.


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David Santa Cruz

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